viernes, 11 de marzo de 2016

Yo también lloro.

“En 1955 una mujer de color fue encarcelada por negarse a ceder su asiento en el autobús a un hombre blanco. Estos hechos sucedieron en el sur de Estados Unidos y fueron el detonante para que se consolidara el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos. La mujer se llamaba Rosa Parks (1913 – 2005) y, gracias las protestas que desencadenó su encarcelamiento, la Corte Suprema de los Estados Unidos prohibió la práctica de segregación racial en los autobuses.” 
Fuente: Muyhistoria.es




Cuando Rosa Parks no se levantó de su asiento para cederle el asiento a un blanco hizo un acto revolucionario. Bien, centrémonos en eso, en los autobuses estadounidenses de la época una vez que ya todos podían sentarse donde quisieran. El hecho de que los negros pudieran sentarse en la parte delantera del autobús provocaba que los blancos tuvieran que sentarse detrás, podría decirse que "pasan a ocupar la zona mal vista", ¿es cierto que por eso pierden privilegios? Pues no, porque ninguna de las zonas tiene que ser mejor o peor, de hecho, hoy en día muchos pensamos que la parte más molona del bus es la de atrás. Cierto ¿verdad? Eso se puede extrapolar al feminismo, no es que vayamos a quitarle privilegios a nadie, es que vamos a cambiar la forma de pensar de la gente para construir esos mismos privilegios para el sector femenino. En el autobús se acaba construyendo la idea de que todas las partes del autobús son buenas, con las mujeres igual, el hecho de que llorar esté mal visto en los hombres, no quiere decir que llorar sea de débiles o esté mal, hay que cambiar el concepto de llorar, no es que queramos que los hombres lloren y sean débiles sino que el llorar no sea un símbolo de ser débil.  

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