jueves, 10 de marzo de 2016

MACROMACHISMOS

Ayer fue un día normal en mi vida, tuve que levantarme para ir a clase, como cada miércoles. Cuando me dirigía a la parada del autobús, donde cojo éste para ir a la Universidad, me encontré con un hombre dentro de una furgoneta que pensó que estaría bien hacerme sonidos para llamar mi atención, igual que hacemos cuando queremos que nos atienda un perro. El hombre se encontraba dentro de una furgoneta estacionada, tendría entre 30 y 40 años y no era un hombre feo. Cuando pasé por su lado y escuché sus sonidos mientras me miraba, giré la cabeza con asombro y le eché la puñeta, sí, puedo parecer exagerada, pero llega un punto en el que parece que deba agradecer que la gente me diga si soy o estoy guapa, cuando no me interesa saber su opinión, bastante sufro ya con la mía propia. Cuando quise reaccionar eso fue lo único que se me ocurrió, la cara de asombro del susodicho era para enmarcar, supongo que lo que suele ocurrirle es que le sonrían o le ignoren, yo esta vez decidí actuar. Puede parecer que que soy una loca del coño que no soporta que le digan piropos, pero el caso es que no es así, soy bastante tolerante con la gente y suelo callarme muchas veces cuando otros creen que pueden opinar sobre mi físico o mi vestimenta, pero de vez en cuando me gusta recordarles a los demás que no tienen ni voz ni voto sobre mí.

Este no fue el único suceso que me ocurrió ayer, lo cierto es que para ser un día despues del Día Internacional de la Mujer Trabajadora me queda claro que muy poco hemos avanzado para lo que podríamos haberlo hecho. Lo cierto es que por la tarde había una Asamblea de estudiantes en mi facultad y decidí acudir despues de comer, así que volví a salir de casa camino a la parada de autobús de nuevo, la misma parada y el mismo camino, una calle como otra cualquiera de la ciudad en la que vivo, A Coruña. Cuando recorría ese trayecto, sobre las tres y cuarto de la tarde, un hombre sentado en una terraza de un bar decidió que estaba en su derecho decirme: “eeehh, vaya culito”, no sé como describiros mi cara de asombro y asco a la vez, me giré para contestarle, y lo único que se me ocurrió decir fue: “¿en serio?” con una cara de asco que no se podía disimular. El señor no se quedó a gusto y con recochineo en su cara me dijo: “pre-cio-sa”, yo no estaba precisamente cerca pero vi claramente como gesticulaba con la boca esa palabra como si tuviera algún derecho a decirme algo, lo único que me salió contestar fue: “Me das asco”. El señor no se quedó contento y siguió contestando aunque yo ya no me quedara a ver su falta de respeto hacia mi persona, porque estoy SEGURA de que no siguió hablando para pedirme perdón. Yo seguí mi camino hacia la facultad, donde, por suerte, se respeta bastante a las mujeres.

Quiero aclarar, aunque sé que no es relevante, que yo no llevaba una falda, ni las piernas al aire, ni un escote, apenas se me veía la cara y las manos, y aún así esos dos hombres creyeron que era correcto intimidarme por la calle con gestos, sonidos o comentarios sobre mí. Sinceramente otro día puedo encontrarme menos rebelde y simplemente ignorarlos, incluso algún día puedo reirme, pero ayer, ayer no era día de callarse una vez más, ayer era día de pronunciarse y decirle al mundo que SIGUE OCURRIENDO, los hombres siguen creyendo que tienen derecho a decirnos lo guapas que somos, lo sexys que vamos, o lo que les gusta de nuestro cuerpo cuando no los conocemos de nada. Sinceramente me dio asco que ese señor de la terraza del bar me hiciera ese comentario, mi culo es mío, sea como sea, bonito, feo, respingón, caído, NO TIENES DERECHO A JUZGARLO. Nadie debe decirte absolutamente nada de tu cuerpo que no sea un o una médico o médica y que no sea por tu salud. Tu cuerpo es tuyo, aunque no puedas controlarlo, SIGUE SIENDO TUYO, no es de la sociedad, ni de los hombres, ni siquiera de las marcas de belleza o de ropa, TU CUERPO ES TUYO.

Como hablo de una experiencia personal debo decir que me surgen dudas respecto de lo que ocurre con el resto, por ejemplo, yo soy una mujer joven con una silueta que se adapta bastante a los estereotipos o cánones de belleza, al menos eso parece cuando voy vestida, ¿es relevante esto en el acoso callejero que sufrimos las mujeres? Es decir, ¿si no cumples esos cánones te dicen lo mismo, te critican, te miran? ¿Aunque cumplas los requisitos de belleza y cánones físicos si vas vestida muy “masculina” se atreven a dirigirse a ti con esa superioridad? ¿Te critican? ¿Te miran? Si eres una mujer muy atlética aunque vayas vestida con ropa que marca tu figura y enseña tu escote ¿se dirige alguien a ti para piropearte por la calle, se meten contigo, te critican?

Pues todavía no lo sé pero me aseguraré de averiguarlo.



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