Ayer fue un día normal en mi vida,
tuve que levantarme para ir a clase, como cada miércoles. Cuando me
dirigía a la parada del autobús, donde cojo éste para ir a la
Universidad, me encontré con un hombre dentro de una furgoneta que
pensó que estaría bien hacerme sonidos para llamar mi atención,
igual que hacemos cuando queremos que nos atienda un perro. El hombre
se encontraba dentro de una furgoneta estacionada, tendría entre 30
y 40 años y no era un hombre feo. Cuando pasé por su lado y escuché
sus sonidos mientras me miraba, giré la cabeza con asombro y le eché
la puñeta, sí, puedo parecer exagerada, pero llega un punto en el
que parece que deba agradecer que la gente me diga si soy o estoy
guapa, cuando no me interesa saber su opinión, bastante sufro ya con
la mía propia. Cuando quise reaccionar eso fue lo único que se me
ocurrió, la cara de asombro del susodicho era para enmarcar, supongo
que lo que suele ocurrirle es que le sonrían o le ignoren, yo esta
vez decidí actuar. Puede parecer que que soy una loca del coño que
no soporta que le digan piropos, pero el caso es que no es así, soy
bastante tolerante con la gente y suelo callarme muchas veces cuando
otros creen que pueden opinar sobre mi físico o mi vestimenta, pero
de vez en cuando me gusta recordarles a los demás que no tienen ni
voz ni voto sobre mí.
Este no fue el único suceso que me
ocurrió ayer, lo cierto es que para ser un día despues del Día
Internacional de la Mujer Trabajadora me queda claro que muy poco
hemos avanzado para lo que podríamos haberlo hecho. Lo cierto es que
por la tarde había una Asamblea de estudiantes en mi facultad y
decidí acudir despues de comer, así que volví a salir de casa
camino a la parada de autobús de nuevo, la misma parada y el mismo
camino, una calle como otra cualquiera de la ciudad en la que vivo, A
Coruña. Cuando recorría ese trayecto, sobre las tres y cuarto de la
tarde, un hombre sentado en una terraza de un bar decidió que estaba
en su derecho decirme: “eeehh, vaya culito”, no sé como
describiros mi cara de asombro y asco a la vez, me giré para
contestarle, y lo único que se me ocurrió decir fue: “¿en
serio?” con una cara de asco que no se podía disimular. El señor
no se quedó a gusto y con recochineo en su cara me dijo:
“pre-cio-sa”, yo no estaba precisamente cerca pero vi claramente
como gesticulaba con la boca esa palabra como si tuviera algún
derecho a decirme algo, lo único que me salió contestar fue: “Me
das asco”. El señor no se quedó contento y siguió contestando
aunque yo ya no me quedara a ver su falta de respeto hacia mi
persona, porque estoy SEGURA de que no siguió hablando para pedirme
perdón. Yo seguí mi camino hacia la facultad, donde, por suerte, se
respeta bastante a las mujeres.
Quiero aclarar, aunque sé que no es
relevante, que yo no llevaba una falda, ni las piernas al aire, ni un
escote, apenas se me veía la cara y las manos, y aún así esos dos
hombres creyeron que era correcto intimidarme por la calle con
gestos, sonidos o comentarios sobre mí. Sinceramente otro día puedo
encontrarme menos rebelde y simplemente ignorarlos, incluso algún
día puedo reirme, pero ayer, ayer no era día de callarse una vez
más, ayer era día de pronunciarse y decirle al mundo que SIGUE
OCURRIENDO, los hombres siguen creyendo que tienen derecho a decirnos
lo guapas que somos, lo sexys que vamos, o lo que les gusta de
nuestro cuerpo cuando no los conocemos de nada. Sinceramente me dio
asco que ese señor de la terraza del bar me hiciera ese comentario,
mi culo es mío, sea como sea, bonito, feo, respingón, caído, NO
TIENES DERECHO A JUZGARLO. Nadie debe decirte absolutamente nada de
tu cuerpo que no sea un o una médico o médica y que no sea por tu
salud. Tu cuerpo es tuyo, aunque no puedas controlarlo, SIGUE SIENDO
TUYO, no es de la sociedad, ni de los hombres, ni siquiera de las
marcas de belleza o de ropa, TU CUERPO ES TUYO.
Como hablo de una experiencia personal
debo decir que me surgen dudas respecto de lo que ocurre con el
resto, por ejemplo, yo soy una mujer joven con una silueta que se
adapta bastante a los estereotipos o cánones de belleza, al menos
eso parece cuando voy vestida, ¿es relevante esto en el acoso
callejero que sufrimos las mujeres? Es decir, ¿si no cumples esos
cánones te dicen lo mismo, te critican, te miran? ¿Aunque cumplas
los requisitos de belleza y cánones físicos si vas vestida muy
“masculina” se atreven a dirigirse a ti con esa superioridad? ¿Te
critican? ¿Te miran? Si eres una mujer muy atlética aunque vayas
vestida con ropa que marca tu figura y enseña tu escote ¿se dirige
alguien a ti para piropearte por la calle, se meten contigo, te
critican?
Pues todavía no lo sé pero me
aseguraré de averiguarlo.