martes, 10 de marzo de 2015

Un café y medio croissant.

Aquel día me desperté distinta, vacía por dentro pero serena por fuera. Sabía que no podía dejarle ganar la batalla, que yo debería ser más fuerte, que merecía más de lo que él me daba; pero el olor de su piel era irresistible para mi, el tacto, su boca... no imaginaba que nadie pudiera hacerme sentir tan agusto y a la vez tan sola y vacía. No imaginaba que pudiera gustarme tanto alguien que no me hacía sentir querida.

Aquel día aprendí que no era culpa mía, que yo no lo controlo, y que podía quererme sin querer estar conmigo, que yo lo agobiaba y el no quería sentirse agobiado por una persona a la que quería querer. Aquel día lo pude entender pero sentí que yo merecía que a mi me quisieran del mismo modo que yo quería, ...con pasión, ganas y desenfreno, con locura y sentimiento,  con ternura bruta y cierto toque angelical aunque muy característico de alguien con carácter.

Aquel día lo entendí y vomité un café y medio croissant.